jueves, 19 de febrero de 2015

Cuando sepas de mi.

Cuando sepas de mí, disimula bien para que nadie te note que detrás de tu mirada hubo un nosotros, una pasión invencible. No tengas miedo de mirar a esa persona que te recordó que éxito, y si tienes miedo, de sentir que ya no estoy, solo acuérdate de los momentos bonitos que compartimos, esos que aun te hacen sonreír y elevan la magia de tu sonrisa al pódium de los vencedores.
Cuando sepas de mí, no te preguntes como me va la vida, si me van bien, habrá terceras personas que sin querer o queriendo se les escape algún detalle de alguna de mis aventuras. Si me va mal también te llegaran noticias, porque tú y yo sabemos que aunque ya no podamos compartir los segundos existe una indescriptible necesidad de no dejar de saber el uno del otro.
Poco a poco comprenderás que nunca me fui del todo, que mi vida nunca es tal y como la cuentan, pero lo que quiero decir es que desde que te marchaste, yo también he tenido miedo de que alguien me transportara a sentirte cerca, a sentirte mío aunque fuera inevitablemente irreal. El sonido de tus carcajadas ya no retumban mi tranquilidad, aún recuerdo como las  caricias invadían cada rincón de mi mente perturbada y frágil, la llenaban de una felicidad que solo los que han amado sin miedo conocerán algún día de su remota vida.
Cuenten lo que cuenten nunca olvides lo que sentimos cuando nos conocimos, lo que fui para ti cuando creías en nosotros, porque sin quererlo de esa manera, aunque lo nuestro no estuviera dispuesto a suceder, sucedió, quemando nuestros instintos haciéndonos esclavos de un sentimiento que nunca se dio por vencido. No te rindas, no desistas, aunque creas que soy yo aún la persona que roza tus heridas, supéralo, supérame, supera lo que un día te freno y sigue hacia delante olvidando el pasado en el que sigo y del que nunca podré moverme. Sonríe, ama, vive, como si pudiera verlo desde aquí, como si pudiera tener tu mirada clavada cada vez que me dispongo a soñar con algo parecido a lo que tuvimos, a lo que un día fuimos.
Si algún día tienes el suficiente valor para pronunciar mi nombre, sonríe  una y otra vez, como si pudiera escucharlo, porque me encantaría saber que eres feliz  cuando te acuerdas de mí. No le des portazo a mis recuerdos, porque ambos sabemos que hay cosas que nunca se olvidan del todo, porque siempre has tenido la esperanza de recordarme sin que te doliera y siempre he deseado que fuera así, sin dolor, sin rencores. Acostúmbrate a saber que sigo ahí sin estarlo de verdad, porque un día recuerdo que te dije que nunca me iría y aunque en parte no sea cierto los dos sabemos que te necesito cada segundo que respiro.
Si algún día sabes de mí,  de nuestro mundo paralelo, de lo que es y no es el amor, disimula, porque los dos sabemos cuáles han sido los nombres y apellidos de nuestra historia. Se valiente y marca la diferencia, quiéreme, aunque solo sea un fantasma vagando entre tus sentimientos rotos y cúrame, cúranos para permanecer unidos aunque nadie lo sepa, porque esa es la magia de haber querido a alguien dejándote el alma y la vida en ello.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonto y disimula .Haz ver que me olvidas y me acabaras olvidando, de tal manera que tu olvido encierre en parte el amor que siempre nos guardamos entre palabras mudas, entre te quieros sordos.
Nunca me olvides.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Frente al reloj





Recuerdo como pasaban los días entre tus brazos, y la sensación inevitable que sentía cuando me escondía contigo entre las sabanas que envolvían nuestra locura. Anhelo la manera que tenias de prometerme un mundo perfecto cargado de rincones soñados en los que podíamos estar juntos en nuestra imaginación.

La mirada constante de devolverme la vida cuando lloraba hacia que todo tuviera sentido, que sonreír mereciera la pena aunque existiera un final. Y quererte y amarte como si no existiera el mañana hacían que extrañara cada segundo que ya había pasado, que ya habíamos vivido  y que no volveríamos a vivir de la misma manera. Fuiste tu lo mejor que me había pasado en la vida, apareciendo justo en el momento en el que nada tenia sentido para mi, regalandome las ganas de amar locamente. Y sin querer más que volver a sentirte, que volver a tocarte, que volver a besarte, imaginé que estabas allí conmigo frente al reloj, congelando el tiempo entre segundos infinitos de felicidad  eterna, porque cada segundo cuenta, porque siempre contaras en mi vida, aunque ya no estés aquí.